Encuentros virtuales en vivo: Sábado 25 de septiembre, 13:00 EST (17:00 UTC)

Asistieron 10 participantes representando a los países de Argentina, Colombia, España, y Estados Unidos. El texto elegido fue “Carta al Tiempo” de la poeta nicaragüeña Claribel Alegría. 

La discusión miro como la relación con el tiempo cambio para la poeta mientras el poema y el tiempo pasa. Un participante noto que al final del poema, uno, al igual que la poeta, ya se imagina lo que va a venir (la muerte). Otro participante contribuyo que el uso del tiempo en el poema es una alegoría. Primero anhelamos todas las etapas que pasamos los seres humanos porque estamos enfocados en los cumpleaños desde que estamos de niños, pensamos en los regalos. Y después el tiempo se convierto en un enemigo. Eventualmente caemos en cuenta que el tiempo va a ganar.

Analizando al poema, vemos que hay un interlocutor imaginario a quien la poeta le hable en el poema. Hay un juego del paso del tiempo. Considerando “el otro” se considero si la poeta tenia en mente otra persona o la muerte. ¿Quien es este “otro”?

Considerando a quien la carta esta dirigida, algunos pensábamos que era al tiempo y otros a algo mas abstracto, algo traumático. ¿Por ejemplo, que quiere decir la poeta con, ¨Hace años que amo a otro¨ y “¿El amigo de mi padre”? ¿Será que Claribel esta hablando de acoso sexual? De pronto la carta es dirigida a una persona quien le causo acoso sexual a la poeta.

Una participante noto que el poema usa personificación—es decir, la poeta despersonaliza la carta porque no puede controlar el tiempo, pero si la transforma en una persona, puede tratar de controlarla. “Aunque el tiempo esta siempre conmigo, no estoy consiente que esta siempre conmigo.”

No queríamos parar el debate, pero al fin llego el tiempo de escribir. Los participantes tuvieron dos opciones de consignas: “Escríbele una carta a un visitante inoportuno o no deseado,” o “Escribe tu carta al tiempo.” Escribimos por cuatro minutos. Después invitamos a los participantes a leer lo que habían escrito sin preocuparse de tener que producir un texto literario. Como metodología de la medicina narrativa, el comentario sobre los textos de los participantes se enfoca no sólo en el contenido sino especialmente en la forma y estilo de los textos. La propuesta de escritura produjo textos irónicos y otros en la sombra del texto. Alguien escribió una carta de apreciación al tiempo, como una alabanza—el opuesto de lo acabamos de leer. Fue muy divertido escuchar lo que habían escrito los participantes en tan poco tiempo.

Aquí, ahora alentamos a los participantes que si así lo desean, compartan lo que escribieron a continuación. Deja tu respuesta aquí, si deseas continuar la conversación sobre el poema de Claribel Alegría. Pero antes, les recomendamos tener en cuenta que el blog es un espacio público donde, por supuesto, no se garantiza la confidencialidad.

Por favor, únase a nosotros en nuestra próxima sesión en español: El sábado 16 de octubre a las 13 hrs. o a la 1 pm EST (hora de Nueva York). También, ofrecemos sesiones en inglés. Ve a  nuestra página de sesiones grupales virtuales en vivo.

¡Esperamos verte pronto!


Carta al Tiempo por Claribel Alegría

Estimado señor:
Esta carta la escribo en mi cumpleaños.
Recibí su regalo. No me gusta.
Siempre y siempre lo mismo.
Cuando niña, impaciente lo esperaba;
me vestía de fiesta
y salía a la calle a pregonarlo.
No sea usted tenaz.
Todavía lo veo
jugando ajedrez con el abuelo.
Al principio eran sueltas sus visitas;
se volvieron muy pronto cotidianas
y la voz del abuelo
fue perdiendo su brillo.
Y usted insistía
y no respetaba la humildad
de su carácter dulce
y sus zapatos.
Después me cortejaba.
Era yo adolescente
y usted con ese rostro que no cambia.

Amigo de mi padre
para ganarme a mí.
Pobrecito el abuelo.
En su lecho de muerte
estaba usted presente,
esperando el final.
Un aire insospechado
flotaba entre los muebles
Parecían más blancas las paredes.
Y había alguien más,
usted le hacía señas.
El le cerró los ojos al abuelo
y se detuvo un rato a contemplarme
Le prohibo que vuelva.
Cada vez que los veo
me recorre las vértebras el frío.
No me persiga más,
se lo suplico.
Hace años que amo a otro
y ya no me interesan sus ofrendas.
¿Por qué me espera siempre en las vitrinas,
en la boca del sueño,
bajo el cielo indeciso del domingo?

Sabe a cuarto cerrado su saludo.
Lo he visto con los niños.
Reconocí su traje:
el mismo tweed de entonces
cuando era yo estudiante
y usted amigo de mi padre.
Su ridículo traje de entretiempo.
No vuelva,
le repito.
No se detenga más en mi jardín.
Se asustarán los niños
y las hojas se caen:
las he visto.
¿De qué sirve todo esto?
Se va a reír un rato
con esa risa eterna
y seguirá saliéndome al encuentro.
Los niños,
mi rostro,
las hojas,
todo extraviado en sus pupilas.
Ganará sin remedio.
Al comenzar mi carta lo sabía.Estimado señor:
Esta carta la escribo en mi cumpleaños.
Recibí su regalo. No me gusta.
Siempre y siempre lo mismo.
Cuando niña, impaciente lo esperaba;
me vestía de fiesta
y salía a la calle a pregonarlo.
No sea usted tenaz.
Todavía lo veo
jugando ajedrez con el abuelo.
Al principio eran sueltas sus visitas;
se volvieron muy pronto cotidianas
y la voz del abuelo
fue perdiendo su brillo.
Y usted insistía
y no respetaba la humildad
de su carácter dulce
y sus zapatos.
Después me cortejaba.
Era yo adolescente
y usted con ese rostro que no cambia.
Amigo de mi padre
para ganarme a mí.
Pobrecito el abuelo.
En su lecho de muerte
estaba usted presente,
esperando el final.
Un aire insospechado
flotaba entre los muebles
Parecían más blancas las paredes.
Y había alguien más,
usted le hacía señas.
El le cerró los ojos al abuelo
y se detuvo un rato a contemplarme
Le prohibo que vuelva.
Cada vez que los veo
me recorre las vértebras el frío.
No me persiga más,
se lo suplico.
Hace años que amo a otro
y ya no me interesan sus ofrendas.
¿Por qué me espera siempre en las vitrinas,
en la boca del sueño,
bajo el cielo indeciso del domingo?
Sabe a cuarto cerrado su saludo.
Lo he visto con los niños.
Reconocí su traje:
el mismo tweed de entonces
cuando era yo estudiante
y usted amigo de mi padre.
Su ridículo traje de entretiempo.
No vuelva,
le repito.
No se detenga más en mi jardín.
Se asustarán los niños
y las hojas se caen:
las he visto.
¿De qué sirve todo esto?
Se va a reír un rato
con esa risa eterna
y seguirá saliéndome al encuentro.
Los niños,
mi rostro,
las hojas,
todo extraviado en sus pupilas.
Ganará sin remedio.
Al comenzar mi carta lo sabía.

 

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